"La sociedad ahora se divide en desocupados pobres, o pobres ocupados" Javier Bonomi
 

Bookmark and Share

ALEXIS RODRÍGUEZ-RATA /La Vanguardia
redaccion@elperiodicolatino.com.es

Las palabras del presidente de la federación de entidades latinoamericanas suenan duras; nos critica, te critica, se critica; te obliga a recapacitar sobre lo que entiendes por inmigración, más ahora que, gracias a la crisis de este inicio del siglo XXI, 'todos' somos migrantes o conocemos a alguno. © Foto El Periódico Latino

Barcelona .- Las palabras del presidente de la federación de entidades latinoamericanas suenan duras; nos critica, te critica, se critica; te obliga a recapacitar sobre lo que entiendes por inmigración, más ahora que, gracias a la crisis de este inicio del siglo XXI, 'todos' somos migrantes o conocemos a alguno.

Quedamos en pleno centro de Barcelona. En el Gòtic. A la hora en la que salen los niños del colegio. Caminar por las calles es dar pasos en zigzag entre personas que no paran de moverse. Y que gritan. Mucho. Las madres discuten entre ellas por cómo le va a su hijo o hija con los estudios. Los más pequeños juegan distraídos en los columpios. Y en medio están los turistas, despistados, que miran a uno y otro lado entre aturdidos, maravillados y somnolientos.

A pocos pasos de las Ramblas está la sede de Fedelatina, la entidad que agrupa al colectivo ‘latino’ de Catalunya. Hace años acudí a la misma sede. En este tiempo apenas ha cambiado nada. Pero la crisis se hace notar: las mismas sillas, la misma pintura algo desgastada; un local estrecho y alargado pintado con colores que parecen reclamar -sin decirlo en voz alta- “diversidad”.

En el patio vecino de la entidad los niños corretean y juegan, ríen, vociferan, lloran, en una variedad de colores, acentos y lenguas característica del centro de la ciudad. Es la Barcelona del siglo XXI. Y en ella, Javier Bonomi, alto y delgado, más bien espigado y canoso, con un acento porteño inmutable tras los años en la Ciudad Condal, me recibe alegre.

Hablo con Javier años después de conocernos, pero también tiempo después de vernos por última vez. Un apretón de manos, un qué tal, y a la faena. El tema, la inmigración, “lo de siempre”, lo merece. Las preguntas caen a bocajarro. Las respuestas, a veces habituales, siguen siendo graves, enérgicas, indignadas. Sobre todo indignadas.

Javier, he recabado algunos datos, para tener un poco de cifras. Un estudio de ‘la Caixa’ de 2011 hablaba de que los siete millones de empleos creados entre 1995 y 2007, en el periodo antes de la crisis, fueron en sectores intensivos en manos de obra, es decir, poco cualificados, y sobre todo precarios. La gran mayoría fueron a parar a inmigrantes. Pero la baja estabilidad, y la poca seguridad en el empleo es una cosa que está estandarizada cada vez más, sobre todo entre los jóvenes. Y ahí da igual si eres español o no. También desde los 50 años. ¿Son problemas compartidos y una lucha compartida?


Hay que ser muy consciente de que el paro en la inmigración y el riesgo de caer en la pobreza prácticamente duplica al nacional, al catalán y al español. Qué quiere decir esto: que si hay un 24-25% de paro, en la inmigración prácticamente se llega al 40%. Y el riesgo de caer en la pobreza es de 15 puntos para la población local y llega a 30 puntos en la población inmigrante. La vulnerabilidad y la dificultad de insertarse en el mercado laboral está muy ligada a tu origen. Y ese origen no es casual. Estamos hablando de personas de baja cualificación, que han venido, y han trabajado, en el mundo de la construcción, y que evidentemente, al llegar la gran crisis económica, han sido expulsados del mercado. No es casual que un 54% de las nuevas empresas estén montadas por inmigrantes: en nuestros países, en los países del tercer mundo, la salida de la pobreza tiene que ver con el autoempleo. Aunque también es verdad que aquí a veces se generan empresarios que en realidad no tienen un espíritu empresarial. Personas a las que no les queda otra posibilidad que abrir un negocio, una tienda, un colmado, iniciar una pequeña empresa, aunque sea unipersonal, para cotizar a la seguridad social y renovar sus papeles. Porque si tienen largos periodos de no cotizar, asumen un riesgo todavía mucho más grave: quedar totalmente fuera del sistema.



Los inmigrantes han copado los empleos menos cualificados (la hostelería, los servicios personales, el hogar, etc.), sectores que con la crisis han entrado en ‘quiebra’, por decirlo de alguna forma. Sobre todo la construcción. ¿Sientes como que España, en este sentido y en cierta manera, ha ‘usado y tirado’ a los inmigrantes?


Todo nace de una falsa premisa: el inmigrante viene a trabajar. Se relaciona inmigrante con trabajador inmigrante. Y aunque muchos inmigrantes tienen una migración absolutamente económica, el problema o la suerte para España y para Catalunya es que también somos ciudadanos. Formamos a nuestras familias y nos quedamos aquí. Aunque no tengamos trabajo, si bien un 2-3% marchará, la gran mayoría se queda. La ecuación tiene que ser, en realidad, el de que una muy baja natalidad en Europa, una muy baja natalidad en España y en Catalunya, es sustituida por gente joven venida de otros sitios.

¿España sigue siendo atractivo comparado con? La pobreza española es riqueza en el 80% de nuestros países. Una persona vuelve a Bolivia, y vuelve a un pueblo donde la calle es de tierra, donde en el hospital no hay nada, donde la escuela es un desastre, y dice: ‘Mira, por mis hijos, aunque la tenga que pasar mal, me quedo en España’. Esperando a que la crisis económica se pase. Esperando su oportunidad.© Foto El Periódico Latino



¿El futuro está en manos de los inmigrantes?


No “en manos”: vamos de la mano. Porque las cifras son muy claras. Si no tenemos para 2050 una continua llegada de inmigrantes, vegetativamente la población española no va a poder cubrir sus pensiones, ni va a poder seguir creciendo económicamente. Y al contrario: como hay tantos españoles que han marchado fuera de España, esta capacidad de producir riqueza va a tener que ser sustituida por gente venida de India, de Pakistán, de China, de Colombia, de Perú o de donde sea. Gente con formación. Gente que también venga a aportar nuevos conocimientos. No es casual que ahora los partidos políticos estén hablando de hacer un tipo de inmigración ‘a la carta’, ante el que nosotros estamos muy en contra pero que ya usa Canadá: buscar catálogos de inmigrantes de alta cualificación que vengan a producir solo riqueza.



Entre los inmigrantes también hay clases.


A nadie le preguntan el origen en Pedralbes. O en distintos sitios de Madrid, del País Vasco o de donde sea. La población ya no se divide en orígenes, sino en clases sociales. Dentro de la pobreza, hay diversidad. Y en la riqueza también hay diferentes orígenes, pero entre ellos no se llaman ‘inmigrantes’. Digamos que es mucho más fácil la cohesión entre los ricos que la cohesión entre los pobres.



Hace tiempo que se habla del relevo generacional en España, pero a la vez el Gobierno de Zapatero aprobó un plan de retorno voluntario en el que se incitaba, de una forma evidente, al retorno de los inmigrantes. También se sabe, gracias al propio ministerio, que muy pocos inmigrantes se acogieron a esa política. ¿Es contradictorio?


No es contradictorio. Es una campaña de prensa para dejar tranquila a la población local. Se traslada que el inmigrante no es un problema, porque se marchará. Es la misma ecuación del inmigrante considerado como apenas un trabajador. Si no hay trabajo, sobra el inmigrante. Fue muy gracioso para nosotros como inmigrantes, o muy contradictorio, que en realidad la publicidad de la campaña no estuviera hecha en sitios donde vivían los inmigrantes, sino que la hacían en paseo de Gràcia, en Pedralbes, en el Eixample, o en lugares céntricos de Madrid. Era publicidad para el ciudadano de toda la vida, el de aquí, para hacer ver que los inmigrantes se iban a marchar. Era engañar a la gente haciéndole creer de que si toda la culpa era el inmigrante, y no había trabajo, el inmigrante se marchaba y solucionado el problema. Esa campaña de retorno no dejó de ser más que una campaña mediática, para confundir a la gente. Pero por suerte la evolución que tuvo la sociedad española es de tal calado que esta mentira ya no se la traga nadie y finalmente se focalizó el problema hacia el poder político y el poder económico, los que generaron realmente las condiciones y la burbuja política y financiera que desembocó en la crisis de 2008.



¿Crees que el gobierno actual ha cambiado esta posición?


La política va por detrás de la sociedad, como siempre. Quien no creyó más esa mentira fue la sociedad. Y el que miente y no encuentra, digamos, ‘tierra fértil’ en la población, no sigue por esa línea de ideas. Yo creo que hubo un punto de inflexión muy importante con la Plataforma de Afectados por la Hipoteca. Al principio parecía que los que tenían problemas para pagar su vivienda y quedaban desahuciados en la calle eran solo inmigrantes. Cuando la gente empezó a ver que la gente desahuciada lo era de clase media española, catalana, vasca, andaluces, de todos los sitios, la población se dio cuenta de que el culpable o el que había llevado a esa situación de crisis, no era el inmigrante.

Según ‘la Caixa’, sí que en el cambio de categoría laboral –o más bien en la falta de él- los máximos afectados son los inmigrantes. ¿Esto quiere decir que todavía existe una discriminación hacia el inmigrante en el ámbito laboral? ¿Siguen los prejuicios? ¿O es una precarización generalizada?


Lo que pasa es que se ha nivelado para abajo. La sociedad ahora se divide en desocupados pobres, o pobres ocupados. Hay mucha gente pobre que tiene un trabajo, que cobra 500, 600 o 700 euros por mes. Antes solo eran inmigrantes. Ahora también hay población local, trabajadores europeos, españoles, catalanes, etc., que están dispuestos a trabajar por una miseria.

Es decir, España no discrimina, es la simple realidad.
Antes discriminaba a unos pocos, ahora discrimina a casi todos. Y cuando se discrimina a todos se pasa a un nuevo status quo muy peligroso: normalizar para siempre la precariedad laboral y de vida. Para una persona, su esperanza de futuro es a lo sumo tener un trabajo precario. Y esto es muy triste y muy peligroso. Hubo una época en la que las empresas se iban de España a países más baratos para bajar los costes laborales. Lo que es increíble es que van a empezar a venir fábricas y empresas de todo tipo a España simplemente porque el coste laboral español ha descendido enormemente. Esto es una pérdida enorme para la calidad de vida de las personas y una precarización del trabajo muy preocupante.

Los niveles de inmigración en España han descendido desde que comenzó la crisis. También hay españoles que han salido fuera. Sobre todo jóvenes. ¿Las oportunidades, en este caso en América Latina, se han incrementado –aunque los antiguos BRICS, entre ellos Brasil, parecen haberse ralentizado-, o es que aquí no encuentran lo que buscaban?


La gente emigra por necesidad, pero también por algo mucho más importante: la perspectiva o ilusión de mejora en el futuro. La gente que se está yendo a Brasil, a Colombia, a distintos países de Latinoamérica, sueñan con hacer las Américas; ir a un sitio, evolucionar y crecer económica y profesionalmente. Y es verdad que cualquier persona que haya trabajado aquí con sistemas del primer mundo en la construcción, por ejemplo, puede instalar estos sistemas en Latinoamérica. Como también es cierto que los profesionales europeos son muy bien remunerados y recibidos en nuestros países. Nos vamos a tener que acostumbrar a las migraciones circulares: que una persona esté en España y Colombia, Perú, Ecuador, Canadá, Suiza, y luego vuelva a jubilarse a España.


¿Pero por qué los inmigrantes, por ejemplo ecuatorianos, están volviendo a su país?


Bueno, hay que matizarlo un poco. El número de inmigrantes que pueden haber marchado no llega a un 5%. Estamos hablando de cientos de miles de personas, pero vuelven a sus países tal vez haciendo una pausa en su trayectoria laboral y social. Es verdad que hay gente que vuelve a sus países, y es probable que estén dos, tres, cuatro años en Perú, en Ecuador, en Bolivia, o donde sea, y que cuando pase la crisis vuelvan a venir aquí. Mucha gente espera a tener la nacionalidad española, lo que no es casual. Cuando uno ve la cantidad de españoles que hay en Ecuador, es enorme, pero el 80% son ecuatorianos con nacionalidad española. Eso quiere decir que la gente espera a obtener la nacionalidad española para marchar. También es muy interesante un colectivo como el pakistaní. En realidad su gran sueño no es estar y vivir en España, sino obtener la nacionalidad española para ir con sus parientes a Gran Bretaña a crecer y prosperar mucho más de lo que puedan hacerlo en el Estado español. Hay que tomar a cada colectivo concretamente. Asimismo también está habiendo una sustitución de inmigración latinoamericana: se marchan 250.000 personas al año, pero siguen viniendo 150.000. No tanto de Latinoamérica como de India, de Pakistán, de China… Llegan, y con más dificultades a la hora de integrarse. Por eso creo que la política migratoria deja mucho que desear. Imaginemos que una persona lleva ocho o diez años aquí, que ya tenía sus papeles en regla, que estaba comprando un piso a crédito, que estaba trabajando, sus niños iban a la escuela, y que de pronto se queda sin papeles. Los tenía, pero por no poder cotizar le deniegan la renovación. Eso es una catástrofe. Para el sistema porque no va a poder seguir pagando su hipoteca, y para toda su familia e hijos, que se quedan en la ilegalidad.

Todo nace de una falsa premisa: el inmigrante viene a trabajar. Se relaciona inmigrante con trabajador inmigrante. Y aunque muchos inmigrantes tienen una migración absolutamente económica, el problema o la suerte para España y para Catalunya es que también somos ciudadanos. © Foto El Periódico Latino



¿España ya no es un país atractivo?


¿España sigue siendo atractivo comparado con? La pobreza española es riqueza en el 80% de nuestros países. Una persona vuelve a Bolivia, y vuelve a un pueblo donde la calle es de tierra, donde en el hospital no hay nada, donde la escuela es un desastre, y dice: ‘Mira, por mis hijos, aunque la tenga que pasar mal, me quedo en España’. Esperando a que la crisis económica se pase. Esperando su oportunidad.



Hasta hace no mucho en España los movimientos migratorios te decían dónde estaba el dinamismo o la riqueza regional. Y si antes la migración mayoritaria fue interna y principalmente en tres territorios, Catalunya, Madrid y País Vasco, ¿actualmente, que no es tanto interna como del exterior, dónde va? ¿Catalunya, Madrid?


La verdad objetiva es que Catalunya sigue liderando la inmigración en España. A nivel de trabajadores, prácticamente un 30% de los inmigrantes dados de alta en la Seguridad Social están en Catalunya. ¡Un 30% de toda España! Un 20% está en Madrid, y el resto se divide entre todas las comunidades. Catalunya sigue siendo motor, y sigue siendo la comunidad de referencia a nivel de inmigración. A otras comunidades, como pueda ser el País Vasco, con una tasa de paro mucho más baja, etc., el inmigrante no va a buscar su futuro.



¿Por qué?


Esto finalmente tiene que ver con cuestiones como el efecto llamada o la forma de sociabilizar entre el colectivo de inmigrantes. La gente ha generado polos concretos de migraciones hacia las grandes capitales: Madrid y Barcelona. También a Murcia, a sitios muy ligados a la agricultura. Ahora, el País Vasco, si es más industrial y está más especializado en mano de obra industrial, su perfil no coincide tanto con el de la gente que viene de Latinoamérica.



¿Quieres decir que las personas menos cualificadas tienen mayor facilidad para insertarse en lugares como Barcelona o Madrid?


Es otro tipo de formación, la que tiene que ver más con los servicios a las personas. O con el turismo, la industria de la agricultura, el pequeño comercio, la atención al cliente o la atención a las personas.


Tengo aquí un dato del año 2009 que dice así: cuando los desempleados ya eran 4,3 millones, más de un millón, el 25%, eran inmigrantes. Pero a ello le ha acompañado la polémica, de las últimas en Vitoria, y a raíz de las ayudas sociales ¿Cómo encajar esta combinación entre desempleo, paro, inmigración, prejuicios...?


No puede haber peor política que hacer competir a una sociedad en la línea de la pobreza por la ayudas. No es de recibo que en una sociedad, digamos occidental, europea, etc., el hijo de un obrero o una persona con un trabajo muy precario esté compitiendo con la ayuda de la beca para la comida en la escuela con el hijo de un inmigrante simpapeles. Lo que se hizo en Catalunya, en Barcelona, creo que es un ejemplo que debe seguirse: no es cortar o rebajar este tipo de ayudas sino levantar el listón y que haya más becas para el comedor de las escuelas, que cubran a unos y a otros. No puede ser una competencia para ver quién es más pobre. Una cobertura que no tenga que ver con el origen sino con la precariedad. Una precariedad que debe ser cubierta para que el que antes tenía la ayuda la siga teniendo, y el nuevo pobre y el pobre más pobre que todavía no la tienen, también.



¿Y qué decir de los abusos?


Los abusos son la excepción. Es lo mismo que cuando usan el argumento de los abusos con el turismo sanitario. Las excepciones, los malos usos y los abusos existen en todos los sistemas, y eso hay que combatirlo. Pero en nombre del abuso no hay que cargarse el sistema o la ayuda. Tiene que haber unos parámetros muy claros e inspeccionar y buscar dónde se abusa, y donde se abusa poner una pena que sea suficiente. Pero es muy peligroso cargarse un sistema que finalmente es preventivo, social, y que hace que la cohesión se mantenga, en nombre de la excepción.

 

¿Crees que todavía se estigmatiza al inmigrante, en este caso al latino?


Cada vez menos. Lamentablemente al que más se estigmatiza es al africano, tanto subsahariano como del norte de África. Por su origen, por su religión, por su color de piel; por distintas cuestiones que al final lo hacen estar en un estrato social del que no puede salir. Y esto me parece muy peligroso, muy triste. De hecho, los latinoamericanos somos los mejor vistos dentro de lo que podíamos llamar los “inmigrantes”. Y no hablamos de la inmigración europea, que ni entra en el calificativo de inmigrante.
De América Latina la inmigración viene en avión. ¿Qué decir de los que llegan en barco por el Mediterráneo? O más bien de los que consiguen llegar.
La fosa común en la que se ha convertido el Mediterráneo es algo lamentable, pero no llega a representar ni al 2% de la cantidad de inmigrantes que entran en España. Mediáticamente representan al 90%. Están sobrerrepresentados en los medios de comunicación. Y esto no es casual. Tiene que ver con una política, digamos, de alarmismo, de buscar esta idea de avalancha, el ‘vienen a por nosotros’, ‘nos traen enfermedades’, o todas estas cuestiones que lo único que hacen es acrecentar el prejuicio de la discriminación hacia el colectivo de inmigrantes.



Pero apenas se ha escuchado la voz de otros colectivos de inmigrantes por los últimos sucesos en el canal de Sicilia, donde murieron casi mil personas tras hundirse su barco. ¿A qué se debe?


Los inmigrantes somos o fuimos un colectivo muy manipulado desde el punto de vista de los medios de comunicación. Se nos ha acallado mucho. Es mucho más fácil que aparezcan inmigrantes por temas delictivos o por dificultades en el mercado laboral que por denuncias concretas por los derechos humanos, etc. Tenemos un centro de internamiento de extranjeros en Barcelona, en la Zona Franca, que muchos ciudadanos no saben ni que existe, y es un centro al que yo llamo ‘Guantánamo a la europea’. Un sitio en donde las personas tienen que estar siente u ocho horas sin poder ir al lavabo por la noche porque no hay lavabos dentro de las celdas sobreocupadas, en donde hasta hace muy poco no había médico y sólo se podía llamar al de urgencias, en donde se está deteniendo a personas que no cometieron ningún delito. ¿Cómo una ciudad como Barcelona se puede permitir que haya un Guantánamo a tocar de autobús, en la Zona Franca, y nadie dice nada? Ahí te das cuenta de la hipocresía. Desde Catalunya, desde España o desde muchos otros sitios nos gusta hablar de los derechos humanos en África, pero después a la persona que está aquí no le hacemos caso.



Antes hablabas de una inmigración diferente. Y ponías el caso de Canadá, que escoge aquello que necesita, lo que requiere de inmigración. Las migraciones suenan así a una cuestión de mercado, de aquello que necesita el norte o el sur. Un sistema conocido, e imperfecto. ¿Cuál es la política migratoria alternativa? La crítica es fácil, pero la propuesta…


Sí, la inmigración a la carta, propuesta por muchos países europeos, nos parece una aberración en sí. Y cuando no se hace a la carta se hace a través de los mercados: lo que el mercado quiere o no quiere, necesita o no necesita. Hasta ahora se manejaba así. A través de un sistema muy imperfecto en el que, en teoría, se contrataba a la gente en el país de origen sin conocerla. ¿Pero puede un empresario de aquí necesitar a un trabajador de Colombia y enviarle un contrato, sin conocerlo? Incluso se planteó que empresas privadas de ocupación se encargaran de seleccionar a las personas que vinieran. En esto tiene que haber una responsabilidad del Estado. No puede dejarse en manos privadas. Lo importante de estas migraciones es que sean muy reguladas, pero también muy democráticas y muy transparentes.



¿Pero cuál es la alternativa? ¿Abrir las puertas? ¿Cómo ‘regular’, ‘democratizar’…?


En Europa se busca la cohesión entre los países, la igualdad de crecimiento y de oportunidades, y luego se abren las puertas. A Rumanía se le retuvo una cantidad de años hasta que finalmente se le abrió la puerta de los mercados laborales europeos. ¿Por qué? Porque en cualquier país donde uno percibe crecimiento económico y en el empleo, el inmigrante no se va. Lo normal y lo lógico sería no reprimir en la frontera, no hundir los barcos que van a venir a Europa. Lo normal es hacer crecer, incentivar las economías de los países pobres para que la gente no tenga la necesidad de marchar. O, en países como Libia, buscar fórmulas para que haya estabilidad política y económica. Esas son las herramientas básicas para no recibir. Ahora, ¿abrir las fronteras? No se abren las fronteras de un día para otro. Hoy en día no es casual, por ejemplo, que le estén quitando el visado a Colombia. ¿Por qué se trabaja desde España para quitar el visado a Perú y a Colombia? Porque ya se puede abrir esa puerta. Porque no vendrán. Tienen cosas mucho más interesantes que hacer en Colombia. E incluso los españoles y europeos van a buscar oportunidades a Colombia. No es normal que primero se busque el libre tránsito de mercaderías, y sin embargo las personas no puedan transitar.


¿Pero cuál es una ‘buena política’?


Una buena política tiene que ver con el desarrollo local, tiene que ver con que las personas, por ejemplo de África, encuentren oportunidades laborales en Marruecos. Porque la mayor migración del mundo no es sur-norte, sino que es sur-sur. ¿Por qué una persona elige arriesgar su vida para llegar a Europa? No tiene nada que perder del otro lado. Y no tiene nada que ganar del otro lado. La cuestión es generar un tipo de sociedad en la cual haya derechos y haya oportunidades. Nigeria es un ejemplo de todo ello: es un productor impresionante de petróleo, pero se lo quedan cuatro, con corrupción, multinacionales, militares… En ese tipo de sociedad, donde la esperanza de vida es de 40 años, la gente dice: ‘Para morirme de un tiro en la cabeza en mi país, me arriesgo y cruzo el Mediterráneo’.



Sí, pero más allá de que haya que desarrollar los países de origen, hasta que se llegue a ese nivel, la inmigración seguirá viniendo. ¿Cómo gestionar estos cayucos, barcos o aviones de inmigración ilegal que ya tenemos aquí?


Por ejemplo podrían hacerse cupos anuales de 20.000, 30.000 personas. Otro cupo importante para exiliados políticos… Cupos con los que se podría dar un tipo de permiso de una duración de entre tres y seis meses para que la gente tenga la oportunidad de buscar trabajo. Y si finalmente sus capacidades o lo que viene a ofrecer a esta sociedad no se necesitan, esa persona ya lo habrá probado y ya lo habrá sufrido. Pero así no se le deja marginal para siempre. La persona tiene la oportunidad de conseguir un trabajo, estudiar o buscar un futuro mejor. Porque cada vez que esa valla sale en los medios, se hace mucho daño a los inmigrantes que estamos aquí, pero también provoca más ganas de cruzarla de los que están del otro lado, que no tienen nada que perder y cuya única oportunidad es saltarla. /Entrevista publicada en La Vanguardia

comments powered by Disqus

 

 

 

 

 

     

Somos un grupo de noticias fundado en 2006 que informa a la comunidad latina en España y Europa, producimos contenidos para todos nuestros medios. Oficinas en Barcelona c/Nou de Sant Francesc 15 - 08002, Barcelona,España. Teléfonos:(0034) 657897268,(0034)722778085,Fax (0034) 933179866 - grupo@elperiodicolatino.com.es- webmaster@elperiodicolatino.com.es

Nota legal: Todas las opiniones expresadas en los artículos y videos del Grupo El Periódico Latino pertenecen única y exclusivamente a los entrevistados y no reflejan en ningún momento la opinión de este periódico, ni del Grupo El Periódico Latino

© Copyright 2006-2015 -El Periódico Latino.com.es-Editado y publicado por la Asociación El Periódico Latino de España CIF:G65214066 Adscrita a la Federación Latina de Medios de Comunicación de España.


FEDELATINA
© Copyright 2006-2015